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Sentí alegría por la gratitud que tenía
abril 4, 2018
"Soy el colmo del yogui" dije y él me respondió "cómo?", continué "practico yoga, medito, conozco muchas herramientas....no debería estar aquí"
Fueron las primeras frases que intercambié en mi única cita con un psiquiatra. Había llegado allá tras haberme bajado de un avión por un ataque de pánico y reconocer que tal vez no podría yo sola manejar "algo" que había empezado días atrás y que se hizo visible al tratar de viajar.

Ya me había planteado la opción de ir a donde un psiquiatra, sin embargo mi ego, mi ego yogi, no me lo permitía. Pero ese día reconocí que yo no estaba controlando algo y que necesitaba ayuda. Entonces accedí a que me sacaran una cita y asistí.

Tenía una cosa clarísima, no me quería medicar, y se lo hice saber al psiquiatra después de decirle que era el colmo del yogui. A mi pesar, poco me escuchó y me prescribió una larga lista de medicamentos y me dijo "la veo en un mes". Salí más aburrida que mico en un bonsai y además muerta del miedo porque no sabía qué hacer. Llamé a mi médico internista, le conté lo que me había pasado, le leí la fórmula y me dijo que no me tomará eso y que comprara unas pastillas. Colgué con un poco de alivio pero busqué en google que era lo que me había recetado y me di cuenta que era similar a lo que ya me habían mandado. Hice un par de llamadas mas, a personas que sabía habían estado medicadas y concluí que eso me pondría a dormir. Por un lado no quería anestesiarme por mi ego yogui, y por otro lado no quería que mis hijos, de 2 y 4 años en ese momento, vieran a su mamá dormida todo el día. Al final no compré los medicamentos, pero guardé la fórmula en caso de emergencia pues lo que sentía era algo más fuerte que yo, sentía que me había enloquecido (literal!) y que no volvería a ser normal ni a ser quién era.

Empecé un proceso de sanación, intuitivo y natural. No fue fácil, fue largo, fue frustrante, fue muy miedoso pero como dicen...como fue, fue perfecto. Qué hice? muchas cosas! muchísimas! Primero tratar de entender qué era lo que me estaba pasando, aferrarme a DIOS y a la Virgen, leer, leer y leer, y hablar, contarle a los demás lo que me estaba pasando. Además recurrí a acupuntura, homeopatía, aromaterapia, flores de Bach y otras terapias. También volví a practicar yoga regularmente y empecé a meditar. Y ... lo más importante de todo, le "paré bolas" a lo que me llevó allí. Le puse atención a mis sentimientos, a mis comportamientos, a mi mente y a mi corazón.

Para hacerles el cuento corto, el proceso me tomó un año y medio más o menos pero lo logré! Con esto no quiero dejarles el mensaje de que no recurran a un psiquiatra, por favor no me vayan a malinterpretar, la especialidad existe por algo y a algunas personas les funciona. Conozco muy de cerca casos exitosísimos. Ayuda hay, y mucha! con muchos nombres además! sólo hay que reconocer que es necesaria, pedirla y si crees que te hace bien usarla.

Hoy me rio de esa frase "soy el colmo del yogui", ni sé de donde la saqué, lo que si sé hoy después de 2 años de haberla dicho es que no soy el colmo de nada, simplemente Soy Yo!

3 Comments

  1. Mechas dice:

    Gracias Tati por compartir su experiencia de vida, por mostrarnos que somos débiles y que pedir ayuda también es válido.

  2. Catalina Ortega dice:

    Gracias a Dios hoy dos años después se ríe de ese episodio! Besos

  3. ELIDA MARTINEZ LARA dice:

    Bella historia de yoguis, la flexibilidad de entender nuestras propias rigideces. Fluir y seguir respirando concientes. En buena hora Taty.

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